Sobre Mila

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Camila Vargas ―o Mila, como es conocida en Cartagena― es una bogotana que  en el 2006 llegó a la capital de Bolívar temporalmente por motivos laborales. Y se quedó: decidió que allí cumpliría su más grande fantasía: tener su propia pastelería, la más deliciosa del lugar.

Camila, recuerda que desde pequeña demostró su gusto por la cocina. Dicen que bastaba verla preparar, cuando tenía ochos años, recetas de su creación que después vendía, para darse cuenta de cómo los negocios y la culinaria se terminarían uniendo. “Soy amante de los detalles y del dulce. Creo que el dulce alegra el corazón y rejuvenece el espíritu, y un broche de oro con un buen postre no hay con qué pagarlo. La pastelería es un arte esclavizante pero gratificante”, dice.

Lograr esto no fue fácil para esta administradora de empresas. Ella cuenta: “Luego de graduarme en la Universidad de la Sabana, quise trabajar en algo relacionado con los alimentos y las bebidas y entré a trabajar al Hotel 101 Park House como ejecutiva de ventas y alojamiento. Allá, debo reconocer, lloré lágrimas de sangre, pero construí la mejor experiencia cuando logré ser jefe de eventos y banquetes. Más tarde trabajé en varias panaderías, lo que me animó a irme a Buenos Aires a estudiar pastelería. Era lo que realmente soñaba hacer. A mi regreso, dicté clases en las escuelas de cocina Verde Oliva y Mariano Moreno”.